En un contexto complejo en que están coincidiendo una crisis mundial con un fin de ciclo latinoamericano y un fuerte malestar nacional no es un fenómeno banal la irrupción de una nueva corriente de opinión en el Partido Socialista, mucho menos cuando esta manifiesta su intención de construir un socialismo para un nuevo período histórico en abierta confrontación con el neoliberalismo, perspectiva para la cual demanda la reconstrucción del proyecto histórico deslindando toda relación con la expansión de las ideas liberales y neoliberales presentes en la organización. En fin, la intención de corregir las abismales diferencias sociales desde un nuevo modelo económico, de redistribuir y de reorganizar la sociedad, de reconocer el rol de los nuevos movimientos sociales, de exigir la profundización de la democracia y redactar una nueva Constitución a través de una Constituyente, son motivos suficientes para brindar por el éxito del proyecto emergente.

Las tendencias de épocas son complejas. En primer lugar, la recomposición capitalista iniciada en 1974 no logró la recuperación total coexistiendo intermitentemente con la crisis (1982, 1997, 2007, 2015, entre otras); por otra parte, como ya se experimentó en 1874,1929 y 1974, América Latina pareciera orientarse a un nuevo fin de ciclo. Cuestión alarmante porque estos se han caracterizado por la desestabilización del Estado, de la economía, de la cultura, de la inserción internacional y retrocesos en los derechos humanos. Respecto a Chile, las turbulencias políticas y la desaceleración de la economía, coinciden con mayores exigencias de una ciudadanía empoderada, molesta y crítica con las instituciones y la élite dirigente. En este contexto, una posibilidad de salida ante el deterioro sistémico es una nueva recomposición capitalista, es decir la profundización del neoliberalismo; dicho de otra manera, el neoliberalismo corregido y el progresismo debilitado presentes en el gobierno se encuentran ante un complejo panorama, agravado por la emergencia ecológica en un mundo sitiado por el cambio climático y la depredación de los recursos.

Enfrentar una situación de esta naturaleza demanda una nueva forma de construcción de conocimiento, tarea difícil en una organización “despolitizada” como señala el Manifiesto de Izquierda Socialista. Los duros golpes recibidos hacen más de cuarenta años, el largo período de clandestinidad e ilegalidad, el tipo de transición y el rol jugado en el nuevo Estado que emergió condujo a la aparición de grupos cerrados de poder que se subordinaron a otras lecturas sociológicas (funcionalismo), políticas (liberales/neoliberales) y hegemonías (centro-izquierda). Abandonando la teoría crítica y el allendismo fueron presa fácil incluso de ambiciones personales. Pero, la historia partidaria señala que la recuperación siempre se inició por la reconstrucción del pensamiento. Por cierto, no se trata de volver a la teoría derrotada, sino sobre los avances de la teoría social construir un pensamiento, un claro ideario popular.

Por eso, es muy importante detectar el principal obstáculo a superar. Este no vendrá de la mayor o menor resistencia de los grupos internos de poder sino de la cultura-de-abandono teórico resultante del estéril debate entre ortodoxia/renovación, En fin, la reacción de los grupos de poder pragmáticos (habidas excepciones) será natural. Allí radica la importancia de revalorizar la teoría crítica, las nuevas epistemologías y los nuevos enfoques de la teoría social experimentados estos últimos años en las ciencias sociales y en el pensamiento filosófico, se trata de buscar herramientas para analizar y trasformar una realidad que cambió. Aunque, simultáneamente, es necesario pensar en el componente ético, en el arte de discernir entre lo bueno y lo malo; en suma, aprestarse para el rescate de la virtud en oposición al nihilismo y la negación de la teoría social, camino para el auto-control del militante ante la violación de la moral social. Una ética liberadora no puede coexistir con la corrupción ni menos abandonarse y dejarse arropar por figuras e instituciones nacidas al amparo de crímenes de lesa humanidad.

En un partido regido por tendencias cerradas, la propuesta del Manifiesto de Izquierda Socialista, de animar un debate de ideas, fortalecer la institucionalidad y la democracia partidaria, cobra gran sentido. Sin ideas no es posible mantener un ideario, ni proyecto estratégico alguno, sin una institucionalidad bien regulada solo se benefician los audaces y sin democracia interna es imposible ser el reflejo democrático de la sociedad que se gobierna ni menos de la que se desea. Así, el gran peligro es que la organización se perpetúe como simple administradora de un modelo de sociedad que no es el suyo. En oposición, la izquierda Socialista está invitando a pensar en la construcción de un modelo de sociedad, un programa de gobierno, una estrategia y una línea para el período, es decir a retomar el allendismo.

De allí la importancia de una corriente de opinión y no de una nueva fracción que con las manos extendidas haga un llamado a toda la militancia con el fin de fortalecer y preparar la organización para los tiempos venideros.

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