Willy Kracht es un joven académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile. En estos momentos es también miembro del senado de esa casa de estudios. En esta etapa ha destacado por su rol en los debates sobre las universidades y el fortalecimiento de la educación pública, y sobre el proyecto de ley de educación superior que próximamente presentará el gobierno. Defiende la actividad política, incluso en estos tiempos de escaso prestigio, le parece mucho más peligroso el proceso de despolitización que se vive. Dentro del Socialismo chileno destaca la figura de Eugenio González, un verdadero ejemplo de compromiso político y vinculación a la academia universitaria. Señala también entre sus motivaciones el surgimiento de Izquierda Socialista y su propuesta de abrir un nuevo ciclo en la política chilena.

¿Qué esperarías de un futuro proyecto de Educación Superior, cuales debieran ser en tu opinión los ejes y principales énfasis de ese proyecto de Ley?

Espero que en el proyecto se establezcan condiciones mínimas para todos los actores, sean estos públicos o privados. En el caso de las universidades, estas condiciones mínimas deben considerar aspectos como el pluralismo, la libertad de cátedra, además de exigirse que todas realicen no sólo labores docentes de pregrado, sino que cuenten con programas de formación de postgrado, tengan un rol en investigación y creación, y muestren una activa vinculación con el medio. Éstas deberían ser condiciones mínimas para existir, antes incluso de tratar el tema del financiamiento.

Basado en lo anterior, creo que el proyecto debe articularse en torno a tres ejes principales, que son la formación técnico-profesional a nivel de pre y postgrado, la generación de conocimiento o artística y la vinculación de las instituciones con su entorno, definiendo para cada uno de ellos estándares mínimos que apunten a mejorar progresivamente la calidad de cada institución y del sistema como un todo.

Dicho lo anterior, creo que el énfasis se debe poner en el fortalecimiento del componente estatal del sistema. La situación en que se encuentra la educación superior responde a décadas de funcionamiento de acuerdo a lógicas de mercado, con escasa o nula regulación estatal. El Estado, en todos estos años, ha descuidado sus instituciones sometiéndolas a las mismas condiciones que las del sector privado, transformando en última instancia a cada universidad estatal en un competidor más en el mercado de la educación. Se debe evitar establecer un marco regulatorio en ausencia de una política clara de fortalecimiento y recuperación de la educación superior estatal ya que esto implicaría perpetuar la situación actual, pero esta vez en un mercado regulado. El proyecto debe hacerse cargo de este hecho e incluir, explícitamente, mecanismos de fortalecimiento del sector estatal.

¿Cómo debiera pensarse un sistema de universidades estatales, con qué estructura, con qué objetivos, cómo entender la relación entre universidad pública y un proyecto de desarrollo nacional?

La educación superior como un derecho social debe ser central en la elaboración e implementación de la reforma. El Estado de Chile tiene la responsabilidad de garantizar este derecho y para eso debe contar con una red de universidades y centros técnicos estatales que le permitan instalar a la educación superior estatal como pilar fundamental del sistema. Esto permitiría un cambio de paradigma desde un Estado que compite como proveedor de servicios de educación superior en un mercado regulado o desregulado, pero mercado a fin de cuentas, a un Estado que garantiza un derecho a través de sus instituciones, gravitantes en el sistema, a la vez que establece condiciones precisas para que agentes privados puedan contribuir en esta tarea.

El componente estatal en el sistema debe tener características orgánicas que lo hagan tender a la integración y colaboración. Para esto, debería contar con normativas e instrumentos que faciliten e incentiven la movilidad académica y estudiantil, el trabajo colaborativo a través de programas de investigación, y la vinculación del sistema con la sociedad.

Se debe avanzar hacia la generación de programas de investigación que sean funcionales a un proyecto de desarrollo nacional, donde además se privilegie la realización de investigación en el lugar de origen del problema como una medida que tienda a evitar la centralización de la producción de conocimiento, relevando el rol de las universidades regionales en la solución de problemáticas de interés local y transformándolas, de paso, en polos de desarrollo regional.

¿Qué características debería tener la política de financiamiento? ¿Deben las universidades privadas acceder a la gratuidad y en qué condiciones?

Creo que se debe diseñar una política que asegure financiamiento basal a las universidades estatales, que deberían tener la primera prioridad en el destino de recursos. Estos recursos deberían ser suficientes para asegurar gratuidad a los estudiantes y financiar, al menos, un nivel basal en investigación y extensión o vinculación con el medio, además de permitir la ampliación progresiva de la matrícula. A continuación se debería destinar financiamiento para asegurar gratuidad en aquellas universidades privadas de orientación pública que, cumpliendo con estándares mínimos de calidad, estén dispuestas a someterse a la normativa definida para el sector estatal, participando de los programas de movilidad académica y estudiantil, del trabajo colaborativo en investigación y vinculación. Es decir, aquellas que participen de manera orgánica en el sistema de educación superior.

Durante la implementación de la reforma, que puede tomar varios años ya que va acompañada de un fortalecimiento de la matrícula estatal, el Estado no puede descuidar a aquellos estudiantes vulnerables que, por un problema de cobertura, no logran ingresar al sistema estatal o a instituciones privadas de orientación pública, definidas como tal aquellas que participan de manera orgánica en el sistema. Esto último se puede lograr mediante la generación de un sistema de becas, las que con el paso del tiempo deberían disminuir en número en la misma proporción que aumenta la matrícula del sistema estatal de educación superior. De este modo se podría configurar un sistema de provisión mixta en donde se fortalece progresivamente el componente estatal.

Es interesante conocer un poco mas de tu biografía: profesor de ingeniería… ¿De dónde viene o nace este interés por la política? ¿Qué hitos te marcaron en tu opción por ser senador universitario e involucrarte en los debates universitarios y políticos?

Mi interés por la política nace por allá lejos, en los años 90, cuando estaba en el liceo. Ahí tuve la suerte de conocer profesores que se preocupaban de inculcar en nosotros un pensamiento crítico, compromiso social y la tradición republicana. A pesar de haber sentido el llamado a participar a nivel de dirigencia en el liceo, materializado en una fallida candidatura a la presidencia del centro de alumnos, más tarde, durante mi paso como estudiante por la Universidad de Chile tuve una participación menor, sólo a nivel departamental. Desde el extranjero, durante mis estudios de doctorado, seguí con atención la explosión social denominada “revolución pingüina” y más tarde, ya de vuelta en la Universidad de Chile como académico, comencé a participar en grupos de discusión y opinión generados con motivo de las demandas y movimiento estudiantil de 2011. Fue esta segunda explosión social, la de 2011, ahora vista desde cerca, vivida, la que puedo identificar como un llamado claro a involucrarse, a participar de la discusión política, a proponer, a hacerse cargo. La discusión que se inició, o que se relevó, con el movimiento estudiantil toca en su esencia a la universidad, por lo tanto ese llamado se tradujo en un llamado a participar en las instancias de discusión y decisión institucional, lo que se concretó primero a nivel de facultad, como consejero de libre elección en el consejo de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (2012-2014), y luego a nivel universitario, donde desde 2014 integro el Senado Universitario, que es la instancia en que se definen las políticas de desarrollo de la Universidad.

¿Cómo entender el rol de un académico universitario y el compromiso social y político?

Para responder a esta pregunta cito a Eugenio González, quien decía que no se puede pretender que “la Universidad sea ajena a la política, es decir, al permanente y objetivo examen de los problemas públicos, a los grandes movimientos de ideas y a las tendencias espirituales de la época, al deber de sustentar y defender principios y valores sin cuyo imperio el individuo pierde su rango moral y la Nación se degrada”. De este modo, el compromiso social y político que cada uno pueda tener como ciudadano, en tanto académico universitario, implica una mayor responsabilidad hacia la defensa de principios y valores, por realizarse dicha defensa desde el espacio universitario. Lo anterior no quiere decir que la universidad se preste para contingencias partidistas que vulnerarían su autonomía. En ese sentido, el académico universitario que es activo en política debe dar muestras permanentes de integridad, manteniendo todo tipo de intereses de política partidista alejados de los muros de la universidad.

¿Por qué militar en tiempos de tan poco prestigio de los partidos y de las militancias? ¿Por qué el PS? ¿Cómo ves el desarrollo de Izquierda Socialista?

El desprestigio de los partidos políticos y las militancias produce un debilitamiento de la democracia y se traduce en un proceso gradual de despolitización que, lejos de revertir la situación, la profundiza. Lamentablemente, el PS no está al margen de esta situación. En este contexto, la propuesta de la Izquierda Socialista de construir un socialismo para un nuevo ciclo histórico, invitando a impulsar un debate de ideas al interior del Partido y a fortalecer la institucionalidad partidaria, apunta en la dirección correcta. Creo que esta propuesta tiene mucho potencial y que con el tiempo irá ganando cada vez más fuerza, como lo demuestra la reciente convergencia entre Izquierda Socialista y Tercera Vía. Esto una muestra que es posible recuperar el legado del PS y que vuelva a ser la casa de la izquierda, con el consecuente reencanto de la militancia, antigua y nueva. Asistimos a un momento histórico en el Partido del que no podemos estar ausentes.

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