Pocos temas han generado más polémica en la discusión política actual sobre el proceso constituyente convocado por el Gobierno para alcanzar una nueva Carta Fundamental. La izquierda no ha estado ajena a este debate arribando a diversas hipótesis, algunas extremadas y otras intermedias, inclusive muchas de ellas contrapuestas entre sí. En definitiva, se trata de un debate de actualidad enmarcado en un momento constituyente originado por variados factores, pero que también se relaciona de forma problemática con nuestras últimas cuatro décadas de historia política.

Debemos escapar a la lectura tanto negadora como embellecedora del proceso constituyente y plantear una interpretación que asuma que éste implica tanto avances y oportunidades como retrocesos y contradicciones para una izquierda que debe levantar como línea política del período la conquista de una asamblea constituyente.

En términos muy generales podemos resumir la discusión de esta materia en dos enfoques muy difundidos en la izquierda. Por un lado, la tesis del fraude, vale decir aquella mirada que intenta explicar el proyecto constituyente como un simple engaño de la Nueva Mayoría, del que algún día despertaremos para descubrir la verdad que algunos ya conocen por no haber sido “cooptados”. Se trata de una mirada iluminista, moralizante y subestimadora del pueblo, que puede ser útil en ciertos ámbitos intelectuales, pero que es absolutamente impotente para la construcción política.

Por otro lado, aparece la tesis de la fatalidad, la cual asume este proceso simplemente como lo que pudo ser (“en la medida de lo posible”, a decir de Patricio Aylwin). Esta mirada reduce la política a la acción “desde arriba”, por lo que considera este proceso constituyente como una concesión graciosa de Bachelet, sin tener en cuenta los movimientos sociales que lo hicieron posible. Se trata también de una forma de subestimación del pueblo, pero no ya en su capacidad de comprensión como hace la primera visión, sino en su potencialidad como sujeto de transformación.

No descubrimos nada si señalamos que en el desarrollo de todo este proceso existen elementos que tomados aisladamente permiten sostener cualquiera de estas dos actitudes que han impregnado a buena parte de la izquierda. Sin embargo, debemos escapar a toda lectura tanto negadora como embellecedora del proceso constituyente y plantear una interpretación que asuma que éste implica tanto avances y oportunidades como retrocesos y contradicciones para una izquierda que debe levantar como línea política del período la conquista de una Asamblea Constituyente.

(publicado originalmente en el Quinto Poder).

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