Este jueves 08 de marzo conmemoramos el día internacional de la mujer trabajadora, fecha que nos lleva una vez más a reflexionar sobre el lugar que ocupan las mujeres en los partidos de izquierda.

Tradicionalmente la demanda feminista ha sido considerada secundaria por los partidos y su militancia, donde se asegura que las demandas del feminismo serán contempladas una vez se llegue al horizonte socialista. Pero a través de los años, hemos aprendido que las mujeres no podemos seguir sosteniendo vidas sometidas a la violencia machista,  que el capitalismo se encuentra ligado con el sometimiento económico y físico que sufren las mujeres, y que es hoy el mejor aliado del Patriarcado.

Dentro del Partido Socialista la situación no es distinta. Si bien se han dado avances en cuanto a la representación en los cargos de poder y la existencia de una Vicepresidencia de la Mujer, este mismo ha sido más bien numérico y no en posición, donde aún se vuelve muy difícil hacer valer nuestras voces dentro de estos espacios tremendamente masculinizados.

Hoy, se continúa perpetuando lo ya enunciado por Julieta Kirkwood en la década de los ochentas, donde las mujeres socialistas tienen su militancia feminista en organizaciones externas a las estructuras del partido, ya que estas últimas carecen de sentido y tampoco son espacios de reconocimiento. Dentro de los problemas de los partidos tradicionales de izquierda podemos reconocer las pugnas internas que generan que los cargos sean distribuidos en torno a estas fuerzas, muchas veces sin proyecto político, y en este caso, de género. Y las mujeres militantes en muchas casos quedan relegadas a un segundo plano, convertidas en un voto a favor en apoyo a liderazgos masculinos, realizando labores administrativas como el servicio de café o el cobro de cuotas, desprovistas de voz y poder.

El Partido Socialista no es hoy un espacio seguro para las mujeres. No es necesario ir lejos para encontrar ejemplos de esto, con un partido que ha reaccionado de forma lenta frente a los ya numerosos casos de violencia de género entre sus militantes, donde las compañeras se han sentido poco respaldadas y donde los agresores han sido protegidos bajo el silencio cómplice de sus mismos pares.

El poco conocimiento del general de la militancia sobre las demandas feministas, genera una legitimación de discursos machistas por parte de compañeros y compañeras. La Vicepresidencia de la Mujer no ha podido instalar estas ideas de forma efectiva, ni tampoco ha existido un claro y fuerte compromiso de la dirección del partido por darle un lugar de mayor importancia en la discusión programática.

En lo que respecta a la historia del partido, este no ha rememorado lo suficiente a una larga lista de compañeras luchadoras cuyas historias no conocemos pues no se valoran como referentes, dando poca relevancia de las figuras femeninas militantes, sin reconocer como corresponde a Julieta Kirkwood, Michelle Peña, Tati Allende y tantas otras socialistas.

Seguir en este camino es inaceptable. La opresión de las mujeres va más allá de la opresión de clase, incluye género, raza, sexualidad e infinitas intersecciones que hacen que la experiencia de ser mujer en este país sea totalmente diferente a la de los hombres en las sociedades capitalistas. Nuestro partido no puede seguir avalando esta opresión que empobrece y violenta nuestras vidas, pues debe quedar claro que no hay socialismo sin feminismo, no hay socialismo sin nosotras.

Se adjunta documento completo:

Nunca más sin nosotras

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