EL PASADO 9 de enero el comité central del PS resolvió, por 54 votos a favor, 1 en contra y 2 abstensiones, ir en lista de concejales junto a la DC. Inentendiblemente, en este importante asunto solo votó la mitad del comité central, demostrando poco interés en una decisión prácticamente tomada. Muchos líderes socialistas intentaron bajar el perfil a la resolución tras argumentos de responsabilidad, seriedad y construcción de mayorías. Sin embargo, no quiero dejar pasar este momento sin explicar los argumentos que justifican que mi voto haya sido el único en contra de este pacto.

El nuevo ciclo político abierto tras las movilizaciones de 2011 sacudió a una aletargada Concertación, entonces oposición al gobierno de Piñera. El estallido generó un nuevo escenario que propició la conformación de una nueva coalición, la Nueva Mayoría, que incorporó al PC, la IC y el MAS. La Nueva Mayoría comprometió un programa de reformas que se constituyó en la hoja de ruta del segundo gobierno de Bachelet. El programa, aún tímido, pretendía cimentar las bases de un proceso de transformaciones estructurales al modelo imperante, heredado de la dictadura.

Tras un 2014 de dulce fin al binominal y agraz reforma tributaria “cocinada”, 2015 se volvió en un año negro para el oficialismo. El momento de debilidad fue aprovechado por sectores conservadores de la Nueva Mayoría, representados transversalmente, pero con preponderancia en la DC. La Falange durante este tiempo se ha comportado como un partido que ha obstaculizado los intentos de reforma a través de diversos “matices” en las discusiones de aborto, educacional, laboral, etcétera. Esta actitud tomó nuevos bríos con el cambio de gabinete y el empoderamiento de Burgos como aquel que llegó a “enderezar el rumbo”.

¿Cómo entender un pacto con estos sectores? En el comité central se apuntó a la necesidad de proyectar la Nueva Mayoría y respaldar al Gobierno. ¿Cómo proyectar la Nueva Mayoría? Algunos piensan que a cualquier costo, concediendo aspectos importantes del programa y subsidiando a quienes quieren evitar las reformas. Eso no es proyectar la Nueva Mayoría. Por el contrario, es abortarla, es no entender que se está continuando un camino de fracasos y tropiezos. No se puede construir mayorías con quienes históricamente han debilitado coaliciones, aún más la figura de la Presidenta y su Gobierno.

La tarea de los socialistas debe ser profundizar un proceso de garantización de derechos sociales universales y de radicalización democrática. En esa dirección, la política de alianzas del PS debe tender hacia una articulación entre las fuerzas de izquierda y los movimientos sociales. La definición de la lista de concejales representaba una oportunidad única para dar una señal inequívoca de apertura en ese sentido.

En el marco del XXX Congreso del PS es necesario reabrir este debate, de vital importancia para el futuro de nuestro partido y su rol en el país. Para algunos de nosotros la alternativa está clara: el PS debe volver a ser la casa de la izquierda, debe retomar su verdadero rol protagónico y articulador, en pos de una mayoría transformadora y no de mayorías inútiles.

Entender lo contrario implica seguir avalando decisiones bajo argumentos trasnochados sin comprender el escenario político al cual nos enfrentamos.

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