por JUAN MANUEL REVECO DEL VILLA Y ERIC EDUARDO PALMA 

La crisis del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) -al igual que la crisis de la socialdemocracia europea-, se ha venido desarrollando lentamente, y después de aprobarse la abstención de los socialistas a Rajoy, que facilitará  un nuevo gobierno del derechista Partido Popular, y a pesar de sus 137 años de historia, como dice el miembro del Comité Federal del PSOE y miembro de la tendencia Izquierda Socialista José Antonio Pérez Tapia, ya no es garantía de su futuro. Toda una advertencia, ya que el   PSOE corre el serio peligro de pasokizarse, es decir, que pudiera seguir la misma suerte del Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK), que después de apoyar al partido de derecha Nueva Democracia, que tenía como único objetivo la austeridad, terminó convertido en la irrelevancia política misma. En efecto, el PASOK griego, ligado estrechamente a la familia Papandreu, después de gobernar una parte importante de las últimas 4 décadas,  hoy cuenta con apenas el 4,68% de los votos y 13 diputados.

Conforme con la investigación de Ignacio Sánchez-Cuenca, y a partir del inicio de la Gran Crisis del 2008, el PSOE es el partido socialdemócrata europeo que más ha caído después del PASOK. En efecto, en 2009, el socialismo griego consiguió el 43,9% de los votos, en 2015 tan sólo el 4,7%: la caída fue de un 39,22%. En 2008, el PSOE ganó las elecciones también con el 43,9% de los votos, bajando en diciembre de 2015 (20D) hasta el 22,01%. Subiendo levemente hasta el 22,66% en junio de 2016 (26J).

Para qué decir del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) -otrora el gran faro del socialismo europeo-, que a la sombra de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) de Angela Merkel en la gran coalición (CDU-CSU-SPD), según el propio Sigmar Gabriel, vicecanciller alemán y líder de los socialdemócratas, sufre una “pérdida de confianza existencial”. Con el agravante que el partido de ultraderecha y antinmigración Alternativa para Alemania (AfD) avanza a pasos agigantados.

Es cierto que se han señalado variadas causas del declive del PSOE, entre otras: la reconversión industrial de 1983; la entrada en la OTAN en 1986; las privatizaciones durante los 90; la corrupción; la crisis del régimen del 78; el desgaste del bipartidismo; la crisis de la socialdemocracia europea y la sociedad del trabajo; la crisis del Estado de Bienestar y del capitalismo postfordista; los ajustes que puso en marcha el Gobierno de Zapatero en los 2000 (más privatizaciones, freno de la inversión y el gasto social, etc.); el abordaje errático que el PSOE ha hecho de la cuestión territorial; la reforma del artículo 135 de la Constitución; la carencia de un liderazgo efectivo y la enajenación de la dirigencia con la base militante.

Sin embargo, ha sido por sobretodo su sometimiento ideológico a laNueva Vía  inspirada en la  Tercera Vía propuesta por Anthony Giddens y llevada a cabo por el ex Primer Ministro británico Tony Blair y el Nuevo Laborismo y por el  Nuevo Centro del ex  canciller socialdemócrata alemán Gerhard Schröder, la que relajó el compromiso de la socialdemocracia con las políticas económicas redistributivas y el Estado de Bienestar en favor de políticas neoliberales. Todo lo cual, en el contexto de la Gran Crisis, han hecho a los españoles según Joaquín Estefanía “más pobres, más desiguales, más precarios, menos protegidos, más desconfiados, menos demócratas.”

En efecto, a partir de los años 90, agotados los 30 años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial que representan el momento estelar de la socialdemocracia europea mediante la creación, mantenimiento y expansión de lo que se ha conocido como el “consenso socialdemócrata”, que logró edificar poderosos Estados de Bienestar, la mayor parte de la socialdemocracia de la Tercera Vía, bajo el impacto del “consenso neoliberal”,  adoptó la inexorable lógica de la globalización,  la liberalización de los mercados, las privatizaciones y desató un profundo desmantelamiento del Estado de Bienestar, pasando del modelo keynesiano afín a su programática al modelo neoliberal propio de los partidos conservadores y liberales. De este modo, a poco andar, el empleo, el bienestar y la justicia social se vieron trágicamente afectados y los objetivos socialdemócratas esenciales, es decir, igualdad, seguridad social y control democrático de la economía, resultaron seriamente dañados: las credenciales socialistas de los partidos socialdemócratas se fueron por el despeñadero. La Tercera Vía, como dijo Alain Touraine, es “la manera que tiene la izquierda de hacer políticas de derechas”.

Fue esa hegemonía del neoliberalismo la que permitió que la socialdemocracia olvidara un elemento capital de su agenda política: si no se establecen frenos colectivos y democráticos a los procesos de acumulación de capital privado y de concentración de poder político que ello conlleva, es imposible hacer frente a la mercantilización de cada vez más parcelas de la vida, a la creciente desigualdad, a la privatización de la política, y que todos participen de la prosperidad.

Y en ese marco, junto a la Gran Crisis, y después del 15M o Movimiento de los Indignados de 15 de mayo de 2011 nace PODEMOS, y no surgió de forma incausada, sino porque el sistema político español se hundía y necesitaba oxígeno. Con el partido de Iglesias y de Errejón se empezó a escuchar algo de izquierdas, se modularon voces nuevas que canalizaran la indignación y la miseria generadas por la crisis y las políticas neoliberales. El 15M y PODEMOS nacieron precisamente porque el PSOE de Zapatero (y el de Rubalcaba y también el de Sánchez) decepcionó a millones de ciudadanos españoles que pensaban que los socialistas iban a ser socialistas. Con el 15M y PODEMOS, el PSOE se eclipsó como vehículo de las demandas populares.

El triunfo de la fracción partidaria de la abstención y de favorecer la investidura de Rajoy (PPSOE), liderada por la vieja guardia del PSOE (Felipe González, Alfredo Pérez Rubalcaba)  como por sus “barones” y Susana Díaz, secretaria general de la federación andaluza del PSOE, que protagonizó una calculada operación de desalojo del ex Secretario General Pedro Sánchez (elegido directamente por la militancia hace dos años), que amenazaba con mantener un “no” a Rajoy –conforme con el mandato vinculante del Comité Federal- y ensayar un gobierno alternativo de cambio, permitirá otros 4 años más de gobierno del Partido Popular. A la fecha, el Comité Federal del PSOE, con mayoría PPSOE, ha considerado que, habiéndose realizado dos elecciones generales, dos investiduras fallidas y que una tercera elección sería “gravemente dañina para la salud de la democracia”, en la primera votación de la investidura los parlamentarios socialistas rechazarán las políticas del Partido Popular, votando no a la investidura de Mariano Rajoy, pero y para “desbloquear la excepcional situación institucional que sufre el país, el Grupo Parlamentario Socialista se abstendrá en la segunda votación del próximo debate de investidura.”

En sus cálculos, un nuevo paso por las urnas de diciembre sería letal para el socialismo español, porque las terceras elecciones implicarían su definitiva pasokización. Así, no obstante que en los hechos esta operación de desalojo de Sánchez ha roto al PSOE en dos –con un verosímil riesgo de escisión-, se ha juzgado esta inmolación como un mal menor, en la ilusa idea de resurgir de sus escombros en la oposición, ya que una vez formado el gobierno de Mariano Rajoy, el PPSOE se encargaría de llevar adelante “una oposición tan firme como constructiva”. Cuestión nada de creíble y posible.

En primer lugar, porque hay grandes intereses en el PSOE por la abstención y el triunfo de Rajoy, de tal modo que “por coherencia ideológica, los que mandan en el PSOE iban a hacer lo que están haciendo los suyos en Alemania -gobernar con Merkel-, poniéndose al servicio del neoliberalismo, del bipartidismo y del desmantelamiento de los derechos laborales, que es la verdadera pelea”, según Juan Carlos Monedero, uno de los fundadores de PODEMOS.

En segundo lugar, porque hay poderes fácticos que hacen presión desde fuera del PSOE, con el objeto que gobierne el Partido Popular, por ejemplo, el Grupo PRISA, donde casi la mitad de su capital accionario está en manos de bancos o fondos de inversión y que es dueño del influyente diario El País, cuya línea editorial hace unos años giró a la derecha, y que últimamente sobresalió en su campaña de debilitar la figura de Pedro Sánchez y su “no es no”. Campaña de desprestigio que fue secundada tanto por González, Rubalcaba, como por los “barones” socialistas y Susana Díaz, secretaria general de la federación andaluza del PSOE; y, finalmente, porque la crisis interna los hace extremadamente débiles ante Rajoy -por lo pronto, los socialistas catalanes (PSC), firmes partidarios del “no es no”, anuncian un eventual rompimiento de lazos con el PSOE-, el que seguirá gobernando como hasta ahora, con el camino libre en el campo socio económico, profundizando las políticas neoliberales y con el compromiso del PPSOE.

Así las cosas, no sorprendería que PODEMOS se abra a todos aquellos socialistas que apoyaban al defenestrado Pedro Sánchez, iniciando de este modo el camino para posicionarse como el partido hegemónico de la izquierda española. Tanto Pablo Iglesias como Iñigo Errejón, inmediatamente después de enterarse del acuerdo de abstención tomado en el Comité Federal del PSOE, hablaron de constituirse como “alternativa”. O bien, cuanto más lejos vayan hacia la derecha los que militan en el PPSOE, más irán hacia la izquierda quienes militan en el PSOE y quizás puedan acabar retomando la dirección del partido, para hacer del PSOE -según Pedro Sánchez-un partido “autónomo, alejado del PP, donde la base decida”. Lo anterior, supeditado, claro está, a que UNIDOS PODEMOS y otras fuerzas de izquierda sepan ser solidarios con el PSOE, del mismo modo que toda la derecha española solidariza con el PPSOE.

¿Podrá el PSOE remontar su crisis? ¿Será el final de un ciclo histórico o la muerte del Partido Socialista Obrero Español?

Si acaso se trata del término del ciclo de Felipe González (el felipismo), entonces el PSOE de izquierdas debiera empezar por estimular nuevas estrategias y programas sobre los que construir una renacida plataforma de prosperidad igualitaria y de bienestar social. Ello supone recobrar su impulso reformista y salir de esa “rendición” al neoliberalismo del que habla Pérez Tapias. Logrado lo anterior, se torna “indispensable” aquel “pacto de izquierdas” que en enero proponían ciertos dirigentes socialistas a Pedro Sánchez, bajo la convicción que el PSOE tenía la posibilidad de presentar, junto a otras fuerzas políticas de izquierda, una alternativa a la derecha neoliberal y conservadora, para ponerse “en marcha hacia políticas transformadoras, de emancipación y solidaridad”.

Si en definitiva se trata del fin del PSOE o su reducción a la insignificancia al ponerse del lado de la derecha y su programa neoliberal, la lección que éste está dando a la socialdemocracia europea estará inscrita como epitafio en la tumba del viejo PSOE, y viene dada por la elocuente frase de Paul Mason en The Guardian: “el que se apoya en el neoliberalismo está muerto.”

Queda en todo caso una pregunta sobre la mesa ¿por qué el votante español da ventaja al PP en las elecciones? ¿Qué responsabilidad le cabe al mismo PSOE en este fenómeno y a los partidos que aspiran a reconstituir la izquierda española? Lo que es claro es que ceder a la tentación del camuflaje político no es conducente para ampliar la base electoral: el votante de derecha no vota por quien se parece a la derecha, sino, por sus líderes tradicionales.

Por casa, el mutismo del Partido Socialista de Chile ante los eventos que acontecen en el socialismo español es revelador, al fin de cuentas son partidos hermanos que integran la Internacional Socialista y de fluidas relaciones que datan desde el proceso de la renovación socialista en plena dictadura cívico-militar, pero, por sobretodo, está el hecho que ambos partidos han adoptado con entusiasmo la Tercera Vía (cuyo balance aleccionador ha hecho Tony Judt).

Lo más sano para el liderazgo del PS sería asumir que el camino elegido está lleno de amenazas a su identidad histórica, y que convendría pensar muy en serio si “algo va mal” en el socialismo chileno.

 

 

 

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