Cesar Yañez hoy es académico de la Universidad de Valparaíso. Obtuvo su doctorado en Historia Económica en la Universidad de Barcelona. Hoy alterna su trabajo como profesor e investigador entre Valparaíso y Barcelona. Desde sus estudios secundarios en el Instituto Nacional milita en el Partido Socialista. Conoció la represión inmediatamente después del Golpe, y a comienzos de los 80 emigró a España. Ahora está de regreso en Chile trabajando por abrir paso a la disciplina de la Historia Económica en nuestro país. En política valora el surgimiento de Izquierda Socialista dentro del PS: “me parece que es un esfuerzo intelectual y político por abrir paso a un espacio donde se puedan confrontar ideas, frente a un PS que aparece hoy tan desprovisto de reflexión y debate, por ejemplo, en temas internacionales”. A continuación, hablamos con Cesar Yañez sobre la coyuntura económica y política que ha abierto el reciente Brexit, y la situación de la realidad de la Unión Europea en esta nueva etapa.

¿Cuáles son las consecuencias económicas y políticas más importantes del abandono de Reino Unido de la Comunidad Europea?

R: Desde el punto de vista económico, debemos distinguir sus consecuencias de corto y largo plazo. En lo inmediato los mercados reaccionarán aumentando la incertidumbre. Ya hemos visto como caen las bolsas y aumenta la prima de riesgo. Sus consecuencias más inmediatas serán menos inversión y menos consumo. En un horizonte mayor, veremos, muy probablemente, una desaceleración del crecimiento económico y un frenazo a iniciativas de innovación con efectos negativos sobre la productividad. No es que este escenario negativo sea solo una consecuencia del BREXIT, todo esto ya estaba en el escenario previo, pero se reafirman las expectativas negativas ya que puede ser leído como un triunfo para políticas proteccionistas en las grandes economías del mundo. Es allí donde está el problema mayor: estamos asistiendo a un cambio de época, con economías más cerradas que desconfían que la prosperidad sea una posibilidad compartida.

Por ese motivo, no se pueden desligar los cambios económicos de la política. La economía política de la crisis financiera global está dando estos resultados. Pareciera que esa época en que los políticos buscaban el voto del centro se está terminando. Las políticas ortodoxas de corte liberal no han dado los resultados que sus responsables esperaban. La gente, la mayoría de los votantes no viven mejor ahora que hace ocho años y piden cambios. Las posturas se están polarizando. Se observa una radicalización de una derecha poco amiga de la democracia que se decepciona del liberalismo y se  tira en brazos del nacionalismo populista. Pero la izquierda también se aleja del centro y busca una solución que se identifica con una radicalidad democrática, que a veces también puede ser populista.

La política vuelve a ser importante. La incertidumbre se instala en la economía y en la política. Los hechos concretos irán marcando los escenarios futuros. Mi impresión es que la inestabilidad, los cambios de rumbo, incluso con bandazos, se sucederán en los próximos años y este periodo será largo.

Se pone en riesgo la Comunidad europea con este retiro. ¿Cuál es el balance de la construcción europea? ¿Es realmente un proceso que haya fortalecido la soberanía democrática y la igualdad social?

R: Europa siguió un rumbo de más democracia e igualdad mientras la prosperidad económica le acompañó. Sus logros son indiscutibles. Después, cuando llegó la crisis financiera, a partir de 2008, las crisis políticas se han gestionado de forma menos virtuosa. Esto coincide con un periodo de ajuste en la Unión Europea, asociado al ingreso de un conjunto de países relativamente pobres, básicamente de la Europa del Este, con menos tradición democrática y comportamientos económicos no unidos al funcionamiento de los mercados. Las presiones han sido inmensas, por las oleadas migratorias intraeuropeas en un periodo de bajo crecimiento económico que se ha enfrentado con políticas de severa austeridad.

No podemos saber cómo habría sido todo si las políticas hubieran sido diferentes. Tampoco podemos afirmar que otras políticas en el futuro impedirán una debacle del gran proyecto europeo. Pero sin duda hoy está todo puesto en duda. A veces la historia escribe guiones que no estaban en los libretos. No sé si Europa va a poder escribir otra página gloriosa de creatividad política e institucional. Los liderazgos están puestos a prueba.

¿Cómo mirar lo que está ocurriendo en Europa desde una perspectiva de izquierda, que está realmente en juego?

R: Lo que está realmente en juego es si los europeos van a poder seguir viviendo como lo han hecho hasta ahora, con las mayores cotas de bienestar que ha habido nunca en la historia para una inmensa mayoría de las personas. Piketty ya lo anunciaba en sus estudios: habrá más inequidad. Para la izquierda el desafío es retomar sus banderas igualitaristas y dejar la ortodoxia económica neoliberal. Se impone la necesidad de inventar la socialdemocracia del siglo XXI.

No olvidemos que la izquierda siempre ha sido la gran defensora del cambio social. El cambio siempre es innovador y moderno. La izquierda no debe temer al futuro, no debe mirar hacia el pasado. Debe aceptar el desafío de que hoy se impone la defensa creativa de la democracia y de unos modelos sociales que significan cambios importantes. Digo cambios importantes graduales, pero radicales en el concepto del uso de la energía, de la relación con el medio ambiente y con el consumo responsable. Oportunidades iguales para todos no se puede construir sobre la idea de un consumo desenfrenado de bienes que esquilman la naturaleza y ponen en riesgo la estabilidad sistema del clima y el medio ambiente.

La izquierda europea tiene responsabilidad en lo que está pasando. Se creyó el cuento de que las políticas liberales eran la solución a un crecimiento económico perpetuo sin regulaciones y con una cultura consumista. Hay señales de que esto está cambiando, pero todavía son débiles. Como en otras épocas, la izquierda en Europa y fuera de Europa, debe ser capaz de hacer la lectura correcta de la historia e identificar la dirección del cambio para poder incidir en él. Lo primero es que debe dejar de ser el vagón de cola de las políticas de derecha, reafirmar sus convicciones radicalmente democráticas, desburocratizarse y pensar el futuro desde la nueva realidad social, política y económica.

Intuyo que de esta crisis saldremos con más intervención pública, pero aún no se avizora con claridad cuál será la nueva función de lo público. La izquierda debe auscultar la realidad y ser capaz de inventar nuevas soluciones. Debemos repensar lo público.

¿Y qué hará la derecha en este nuevo escenario?

Allí está el verdadero peligro en el corto plazo. La derecha sí sabe lo que hará, mientras la izquierda aún no. Su respuesta es más nacionalismo y populismo. Allí están contenidos los mismos peligros de las décadas de 1920 y 1930, que dieron lugar a una larga crisis económica que solo se resolvió con violencia y fascismo. Y lo que para mí es peor, lo hace con una base de apoyo que en otras épocas era la base de apoyo de la izquierda. Son los trabajadores que en otras épocas apoyaron con entusiasmo a la izquierda, los que frente a la amenaza de perder sus puestos de trabajo, escuchan los cantos de sirena de la derecha extrema y abrazan el nacionalismo populista. El retraso de la izquierda para dar solución a la crisis, está entregando sus bases sociales a la derecha populista.

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