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Bastó que el abogado constitucionalista Fernando Atria, militante del PS y adherente de Izquierda Socialista (IS), expresara su disponibilidad para asumir una precandidatura presidencial si ello contribuía a desplegar un debate más programático y de fondo, y a unir a las fuerzas de izquierda, para que se generara una alta expectativa sobre el significado de este paso.

Al momento de la irrupción de Fernando Atria, el escenario político estaba dominado por la presencia casi incontrarrestable del ex presidente Lagos, enmarcado en una lógica de restauración conservadora (basta ver los apoyos que cada semana recibe del gran empresariado e incluso de la “familia militar”). Por otro lado, una precandidatura presidencial de la presidenta del PS Isabel Allende que no terminaba ni termina por despegar, pero que tampoco se decide a posicionarse más claramente a la izquierda (este fin de semana ahondó en sus similitudes con la candidatura del ex presidente Lagos al señalar que no se veía compitiendo con éste, porque representaban el mismo espacio político). Por su parte, la precandidatura de Alejandro Guillier aparece cada vez más atractiva a la ciudadanía, porque lo percibe fuera de la elite política, aunque aún resta por ver si su posicionamiento programático trae un real sentido progresista (en todo caso las primeras señales son auspiciosas al respecto). Por su parte, la candidatura de Insulza aparece muy amagada y con pocas posibilidades de crecer mientras persistan las candidaturas de Ricardo Lagos e Isabel Allende. Por último, el espacio de izquierda por fuera de la Nueva Mayoría (NM) intenta reagruparse pero aún no logra articular una alianza y una estrategia de poder.

Desde este mayor posicionamiento político del compañero Fernando Atria ha ido logrando instalar un discurso que defiende las reformas estructurales; que destaca lo valioso de la gestión Bachelet aunque también sus desprolijidades y vacilaciones; que repone el tema de una nueva Constitución y de la AC en el marco de la elección municipal; que pone en el centro del debate el tema de los derechos sociales y el rol del Estado en su aseguramiento; etc.

Desde su formación Izquierda Socialista (IS) se propuso reagrupar la izquierda del PS, producir el encuentro en un proyecto común a distintas generaciones socialistas, y actuar con decisión y audacia por colocar las ideas socialistas a disputar reales espacio de poder. Izquierda Socialista tiene vocación de poder, de construcción de nuevas hegemonías y mayorías. En ese marco se debe entender el paso que se ha dado.

La tarea hoy es acentuar el trabajo electoral municipal, el cual junto con conquistar mayores espacios dentro de poder municipal para posiciones políticas que defiendan, como dice la consigna que ha desplegado IS: “Buen vivir, poder local y Asamblea Constituyente”.

Luego de las municipales se abre otra etapa. No cabe duda que dentro de la dirección del PS se intentará evitar un pronunciamiento amplio y ciudadano para la elección del candidato socialista. Resolver burocráticamente -por ejemplo, en un Pleno del CC- una decisión que tiene que ver con la legitimidad de las opciones presidenciales y del propio PS, sería un grave error, que solo produciría más desafección militante y mayor distancia entre el PS y la ciudadanía. La demanda por una consulta ciudadana o una primaria socialista abierta se impone como tarea de Izquierda Socialista y de todos los militantes que aspiran a un partido abierto, participativo y relegitimado frente a la sociedad y la ciudadanía, post elecciones municipales.

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